Cómo celebramos la Navidad en VenuesPlace

Eventos de Navidad

21/12/2018

Acción social VenuesPlace

Visitamos un comedor social

Todo el año sin parar de arriba para abajo, el trabajo, la casa, los niños, la familia, los compromisos sociales y profesionales y parece que no nos queda tiempo para pensar y hacer algo por la gente que más lo necesita.

La llegada de la Navidad nos recuerda muchas veces lo afortunados que somos y lo agradecidos que debemos estar por ello. Pero, ¿qué pasa con aquellos que están solos? Sabemos que no es mucho, pero desde VenuesPlace hemos querido cambiar este año nuestra cena de Navidad por una acción solidaria. En un principio barajamos varias opciones: ayudar a repartir ropa de abrigo y comida por las calles, cantar villancicos en hospitales o residencias de ancianos, colaborar con un banco de alimentos, acudir a un comedor social… Todas ellas nos parecían necesarias y no solo para estas fechas, sino durante todo el año. Pero finalmente nos decidimos por una y he de decir que nos encantó a todos: proporcionar un plato de comida caliente a gente que no tiene acceso a ella y poder disfrutar por un rato de un entorno cálido y familiar fue algo muy gratificante.

Hace unos días acudimos a un comedor social situado en Vallecas y dirigidos por Las Misioneras de la Calidad, donde nos recibieron con los brazos abiertos y nos guiaron durante toda la jornada, para que pudiéramos dar el máximo de nosotros.

Acción social VenuesPlace

Mi experiencia en el comedor social:

Gonzalo Hamparzoumian, CEO

El pasado martes estuvimos parte del equipo de venuesplace echando una mano a las Misioneras de la caridad que se hacen cargo del comedor social en la calle de la Diligencia.
La experiencia en mi caso fue enriquecedora y emocionante. Resulta maravilloso ver la entrega y cariño de estas hermanas Misioneras para con los más necesitados. Reconforta ayudar y aportar tu grano de arena porque te hace sentir realmente bien. En mi caso empecé a mirar alrededor desde mi puesto de ayudante en la cocina y me dieron ganas de llorar… ¡me tocaron las cebollas!

Ana Vázquez, Diseño Gráfico

Al llegar al comedor encontramos a los voluntarios trabajando con energía para el más de un centenar de personas que estaban sentadas en mesas correderas esperando para comer. Allí nadie estaba parado, según llegabas te ponías una bata y ayudabas donde podías: picando cebolla, troceando pan, preparando las bandejas etc. 
Al rato salimos a rezar todos juntos, Un momento que, al margen de creencias y situaciones personales, todos compartimos; se respiraba un ambiente de respeto, unión y gratitud. Acto seguido, repartimos la comida, muchos de los comensales pedían amablemente más trocitos de pan para llevarse después. Impacta darse cuenta de la necesidad que tiene tanta gente que vive cerca nuestra, necesidad básica, real. Me hizo cuestionarme la palabra “necesidad” banalizada tantas veces en el argot de mi entorno. En el comedor no sobra ni una miga de pan. Otra evidencia vergonzosa de la desigualdad en la que vivimos. ¿Cuántas veces tiramos la comida porque estamos saciados o lleva un día caducada?

En definitiva, es una experiencia que te recoloca en la realidad, te obliga a ser agradecido y valorar lo que tienes. Me hizo sentir un respeto profundo por quienes dedican parte de su tiempo a ayudar a los demás en tiempos cada vez más individualistas y esto se puede extrapolar a tu entorno más cercano, todos podemos necesitar ayuda de cualquier tipo y estar dispuesto a dejar de ver nuestros propios problemas para conectar con quienes nos rodean, es la lección que me llevo de este día.

Clara Santamaría, VenuesFinder

La experiencia en general fue bastante buena y la mayoría del personal y de los voluntarios que había fueron muy amables y simpáticos. En cuanto a las personas que acudieron a comer, hubo un poco de todo y me llamó mucho la atención que al final de la comida, fueron personas extranjeras las que recogieron junto a nosotras todo el comedor. No sólo nos ayudaron, sino que nos dieron las gracias por ir a ayudar. Conmigo fueron encantadores.

En general, fue una experiencia enriquecedora que obviamente te hace replantearte que no todo el mundo tiene las mismas oportunidades que tú y que hay que ser solidario y amable con todo el mundo, no importa ni de dónde vienes, ni el dinero que tienes, ni cuál es tu religión, ni el idioma que hablas. Todos somos humanos y nunca se sabe dónde puedes estar mañana. :’)

Cristina Rodríguez, VenuesFinder

En general todo fue muy bien, al principio estábamos un poco apartadas sin saber muy bien que hacer e incluso pensando que estorbábamos, pero nos fueron dando tareas y el comedor se llenó a tope. Ayudamos a servir comida, recoger y limpiar. Fue una buena experiencia, había gente que tal vez no esperabas ver en un sitio así y todos muy agradecidos y ayudando también a recoger. 

Cristina Alvarado, Producto 

Varias veces he hecho actividades de voluntariado, pero más relacionadas con niños, nunca había ido a un comedor social y la verdad que me ha parecido una experiencia muy buena que recomendaría a todo el mundo sin duda. Tenía una idea muy equivocada de las personas que van a un comedor social, son gente como tú y como yo que, por circunstancias de la vida, hoy no tienen qué comer, ¿Qué nos cuesta ir ayudar y ponerles una sonrisa?  Debemos ser muy conscientes de la realidad que nos rodea (rodea literal, porque estamos aquí y ahora) y por supuesto nunca mirar para otro lado. Muchas veces no es dinero lo que puedes aportar, sino tiempo y eso, al final, es lo más valioso que tenemos.

Isabel Delgado, VenuesFinder 

Ha sido la primera vez que he hecho una actividad solidaria de este tipo y la verdad es que ha sido muy gratificante. Estuvimos ayudando en lo que hacía falta en todo el proceso de antes, durante y después de servir las comidas y, por lo general, todo el mundo era muy agradecido. Me gusta mucho que haya sitios como este comedor donde se ayude a la gente que lo está pasando mal económicamente sin esperar nada a cambio. Haciendo este tipo de actividades te das cuenta de que hay mucha más gente de la que crees que te necesita. Animo a todos a hacer este tipo de actividad solidaria ya que te ayuda a replantearte muchas cosas que a veces por la monotonía de la rutina, por el ajetreo del día a día o por cualquier otra cosa, quizá no te des cuenta.

Blanca Orbe, Marketing

Una experiencia maravillosa que me dio una lección: pensé que iba a dar y recibí mucho más. Casi 200 personas se sientan a comer y únicamente 4 hermanas llevan todo eso. Hay más gente ayudando, pero ellas no lo piden, confían. 

Gente de todo tipo, color, religión. Se respira respeto y agradecimiento. Un dar sin recibir. 

Impresiona no sólo la hambruna sino la soledad que hay y de la que creo que no somos conscientes. Si todos “regaláramos” 2 horas a la semana a los demás el impacto sería tan grande… Como decía la Madre Teresa de Calcuta “No podemos hacer grandes cosas, pero sí cosas pequeñas con gran amor”. 

Teresa García-Noblejas, Producto

Hace unos días, nos fuimos varias de la oficina al comedor social en Vallecas dirigidos por 4 “sisters” pertenecientes a la congregación de las Misioneras de la Caridad. Llegamos a las 14:45 h y, al entrar, pudimos observar que el comedor estaba abarrotado de personas sentadas y dispuestas a disfrutar de un buen cocido madrileño bien caliente que, con el frío de estos días, les tuvo que saber a gloria.

Además de los comensales, había varios voluntarios, que según nos contaros, acuden prácticamente todos los días del año a dar de comer y ayudar en todo lo que pueden a las Hermanas. Ellos, gracias a su experiencia, nos enseñaron y acompañaron en todo momento y consiguieron con ello que nuestro trabajo ese día fuera más productivo. Gracias a su ayuda constante e incondicional, las “sisters” pueden llevar a cabo esta labor social cada día del año. Ellas son las que mandan y han sabido hacerse respetar por todos de una manera ejemplar, allí no les chista nadie.

Nos pusimos manos a la obra y no dejamos de movernos en ningún momento. Allí llegas y, como uno más, te remangas, te pones un delantal, guantes y a trabajar. Picar cebollas (lo que lo lloramos…), pimientos, ajos, pan, repartir fruta, yogures, ayudar a servir los platos, fregar, fregar y fregar… ¡Un no parar! Pero, como dicen por ahí,” sarna con gusto no pica”.

Personalmente, aunque soy consciente de la necesidad y la pobreza que hay a la vuelta de la esquina, el hecho de adentrarte en el meollo y tener contacto con gente sin recursos y necesitada, te pone de nuevo los pies en la tierra y vuelves a valorar de verdad las cosas importantes de la vida que, con tanta facilidad, se olvidan. Suena a topicazo, pero es que es la pura verdad. Hoy, entre la familia, las preocupaciones y el trabajo, no tenemos tiempo de pararnos ni un momento para pensar en esto. Lo ideal, sería proponernos, de verdad, utilizar un rato de nuestro tiempo en alguna acción de este tipo que implique ayudar a los demás y ser constantes en ello, porque sinceramente creo que el mundo sería mejor. 

¡Mi conclusión es que con este tipo de acciones ganamos TODOS!!

Cristina Barroso, Comunicación

Aunque había participado en varias acciones de voluntariado, era la primera vez que acudía a un comedor social y he de reconocer que la experiencia fue muy gratificante. Lo importante cuando se va a ayudar a un sitio como este es ser activo y tener ganas de colaborar, no esperar a que te manden tareas, sino tomar la iniciativa e implicarte en todo lo que puedas (cocinar, servir los platos, repartir la comida, recoger, fregar…).

Igual que el resto de compañeras, me he dado cuenta de que hay mucha más necesidad de la que nos imaginamos y no solo hablo de gente que vive en la calle, allí había de todo, que fue lo que más me sorprendió. Durante la tarde que pasé allí traté de hablar con todos los voluntarios para empaparme de su experiencia y conocer lo que les motivaba para estar allí, la mayoría iba cada semana y eso formaba ya parte de su rutina. Me enterneció ver la relación entre ellos y las personas que acudían a comer y lo agradables y educados que eran todos ellos.

Creo que tenemos que romper la burbuja en la que vivimos, darnos cuenta de qué hay más allá de nuestras narices y empezar a poner de nuestra parte por mejorar, aunque sea un poquito, la sociedad en la que vivimos. Desde aquí, me gustaría animar a todos a que participen en alguna actividad de este tipo al menos una vez en la vida y que esto les sirva para aprender a no mirar para otro lado.

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